
Como el silvido de aquél pájaro que anida en mi jardín, suelto todo el aire en un suspiro lleno de ti.
No puedo, quizá no quiera, dejar de mirar tu foto.
Qué sabrías tú de aquel lejano día en que te hice aquella instantánea... sentado en la roca, mirándome dulcemente... Aquellos días de fantasía donde no supimos ver lo que teníamos.
Qué sabrás tú de todo lo que me dice tu imagen.
Pero hoy no hay tristeza, tú eres la fuente de todas mis energías, la presencia que amaina mis vesanias, que duerme mi apatía. El amor que todo lo cura, el olvido que hace enfermar al corazón, que lo vacía de toda reflexión, que lo resume todo en “el pasado, pasado está”. Me niego a olvidarte, ángel que un día me tocaste y me iluminaste para el resto de mis días...
Sólo te puedo estar agradecida.
Y han pasado los días, los meses, los años... Y esta es tu historia en mi.
Quizá un día te la enseñe, quizá te muestre todo lo que has logrado, todo lo que soy por dentro. Será nuestro secreto.
No hay día que llueva que no te escriba, ni días de tormenta que no te eche de menos. No hay mañana que despierte y no me hayas visitado, ni noche que duerma sin recordar tus abrazos... No quiero otros. No los necesito. He aprendido a vivir sin cariño.
Pero no, tú no eres mi recurso, mi recuerdo, tu eres sencillamente todo.
Me llenaste tanto que fue imposible quedar vacía cuando te deje marchar, aún me queda de ti... me queda para un rato.
Quizá un día todo se termine. Todo quede resumido a cenizas.
Puede ser...
Me pregunto si algún día terminará por suceder. Me pregunto qué haría entonces... Y se me ocurre, de repente, el sentido de que esto quede escrito aquí.
Decía un sabio que no hay manera mas segura de ser que haber sido.
Como aire rizando el rizo sigo caminando hacia adelante con todo el vigor que me inspiras, colgando de mi pecho tu nombre, me alzo cada mañana por ese empuje que siento en mi interior.
Y en los días malos y peores a veces te censuro, por no tenerte enfrente, por no poder escuchar tu suave voz.
Pero te juro que ni un sólo minuto me he enfadado por haberte conocido, e inevitablemente haberme enamorado tan profundamente del alma de tu persona.
¿A quién no le gustaría viajar a la Luna, conocer otras estrellas...? Pero aquí abajo tampoco se está tan mal, mirando hacia el cielo... a veces nos dan tranquilidad.


