No me hago esta pregunta todas las primaveras, pues creo que todas han sido siempre felices.
Mi amigo Jota me dijo hace poco, ¿te preguntas si eres feliz? Porque si te lo pregunta es que no lo eres.
No sé hasta qué punto tiene razón, pero lo que si que es cierto es que nos pasamos más tiempo pensando en lo que no tenemos que en lo que tenemos.
Me gustaría verme en una situación extrema, más extrema de la que siento que vivo ahora, mucho más extrema. Dicen que las personas cuando nos llevan al límite, sacamos nuestro verdadero yo, solemos acertar en cuanto a las decisiones que tomamos y reaccionamos de manera correcta.
Creo que me va a tocar vivir la primavera más triste y gris de toda mi vida... Una primavera para contemplarla. Quizá sea capaz de vivirla feliz al contemplarla, mirar las calles llenas de gente paseando, los céspedes inundados de juventud, las terrazas repletas de personas y más personas. Las primeras flores que asoman por mi ventana, el verde yerva, el campo... Seguramente ese sea mi compañero más fiel, levantarme un domingo, un martes, un viernes, qué más da, pues para mi no existe diferencia, cogerme el tren y subirme a cotos. Pasear... unos cuantos kilómetros, tranquila... escuchando la paz que me da la naturaleza, caminar hasta las lagunas de Peñalara y sentarme a contemplar el paso del tiempo, sentir el aire en mi cuerpo, la brisa, la fuerza de esa brisa fresca que me recuerda al mar... No habrá ruido de olas, ni tampoco risas de fondo, me quedo con la laguna... y su soledad, su sitio de piedra y agua, y agua y piedra.
Mi amigo Jota me dijo hace poco, ¿te preguntas si eres feliz? Porque si te lo pregunta es que no lo eres.
No sé hasta qué punto tiene razón, pero lo que si que es cierto es que nos pasamos más tiempo pensando en lo que no tenemos que en lo que tenemos.
Me gustaría verme en una situación extrema, más extrema de la que siento que vivo ahora, mucho más extrema. Dicen que las personas cuando nos llevan al límite, sacamos nuestro verdadero yo, solemos acertar en cuanto a las decisiones que tomamos y reaccionamos de manera correcta.
Creo que me va a tocar vivir la primavera más triste y gris de toda mi vida... Una primavera para contemplarla. Quizá sea capaz de vivirla feliz al contemplarla, mirar las calles llenas de gente paseando, los céspedes inundados de juventud, las terrazas repletas de personas y más personas. Las primeras flores que asoman por mi ventana, el verde yerva, el campo... Seguramente ese sea mi compañero más fiel, levantarme un domingo, un martes, un viernes, qué más da, pues para mi no existe diferencia, cogerme el tren y subirme a cotos. Pasear... unos cuantos kilómetros, tranquila... escuchando la paz que me da la naturaleza, caminar hasta las lagunas de Peñalara y sentarme a contemplar el paso del tiempo, sentir el aire en mi cuerpo, la brisa, la fuerza de esa brisa fresca que me recuerda al mar... No habrá ruido de olas, ni tampoco risas de fondo, me quedo con la laguna... y su soledad, su sitio de piedra y agua, y agua y piedra.
Peñalara. Foto tomada en primavera.
Sé que la primavera, la sangre altera... a todos nos huele a amor. Primavera y amor.
Yo creo que este año no tendré de eso, cómo me gustaría, poder volver a amar, a querer con fuerza, a sentirme al lado de alguien única. Poder vivir una experiencia tan insólita y común como es una relación de dos enamorados. Últimamente ese es el problema, tengo relaciones pero no se catalogarlas, antes solo conocía tres tipos de relaciones con el mundo, una la fraternal, otra la de la amistad y otra la del amor. De repente, me encuentro con 20 años, en un mundo de gentes cada vez menos inexpertas, que me intentan explicar qué es lo que pasa ahora, qué es lo que toca... ya no se lleva esto del amor, ya no podemos sentir, ¿qué nos pasa? ¿empezamos demasiado pronto? ¿cuál es el motivo por el cual a estas edades se pierden las ganas de amar?
Yo quiero y no puedo, no encuentro a quién ni cómo amarlo, me siento totalmente desolada... y tengo tanto que dar de mi, tantas ganas de flotar en la realidad, sin tener que esconderme de ella, sin tener que buscar entre el lodo y las piedras la menos fea, la menos sucia...


