
Has estado tanto tiempo en mí que, tu esencia ha quedado impresa en cada poro de mi piel. Has tenido tantas ganas que, por fin, lo has conseguido, aquello que siempre temiste es esto que hoy tienes y que mañana comprenderás.
Me haces pagar una deuda, una deuda que yo pagué en su momento con amor y abrazos. Y te cargas sobre mi, me castigas y desfogas conmigo cada vez que la vida no te complace, no te llena, porque sabes que en su día...
Me miras, me tocas, pero me pagas con la misma moneda vieja.
¿Tu mirada? altanera, escondida en tus ojos, negros, viejos, espesos..
¿Tu corazón? sucio y engorronado de ti mismo, cargado de ira...
Late tras de ti fuertemente tu odio, implícito, con luz de neón... Tu odio me quema. Abrasa mis entrañas. Barre nuestro pasado.
Sacas pecho y alzas tu rostro manteniéndote firme frente a tus afirmaciones más fatídicas.
El alcohol alimenta tu soberbia. Siempre tuviste un aura demasiado oscura... aunque era de color rojo sangre, por eso en algún momento de mi vida, te amé.
Cada paso al frente que das es un acto fallido, cada palabra una herida, cada gesto un año luz de mi cariño.
Dentro de ti hay un niño pequeño que se ahoga, desprestigiado, busca la mano de la desidia y la diversión, no sabe qué hacer ni cuándo. Ya no crea, no tiene imaginación, vive en su caverna.
Yo le llamo, intento sacarlo hacia fuera, por tu boca... por tus ojos. Se niega. Y mi corazón se empotra contra el tuyo cuando me enfado, pero no es suficiente descarga de emociones, tu ya no sabes sentir como antes... Me dan ganas de levantarme y darte fuerte en la cara, abofetearte los carrillos con firmeza y rabia.
No serviría para nada, mas que para acabar sintiendome francamente mal...
¿Sabes? Yo no te odio, te quiero. Odio tus maneras, odio tus gestos, tu propio semblante. Odio tu verborrea egocentrista, odio que tengas que pisar para subir, que tengas que echar tu mierda a otro para limpiarte la chaqueta, odio tu mirada opaca, burlona. Lo odio.
Odio que no comprendas que el respeto no se exije, se gana.
Odio que te vayas quedando solo, amargado.
Odio que me intentes odiar.
Odio que te odies.
LO ODIO.


