Cómo hemos cambiado...




Hace unos días, revolviendo entre mis cajones, abandonados, cajones supuestamente vaciós de todo, llenos de cosas inservibles, encontré un viejo cuaderno que a pesar de parecer recien comprado tiene más de 10 años. Me sonaba y al principio no me percaté de su significado...


Decidí guardar en el cajón todas las gilipolleces que había estado sacando, decisión que he de reconocer no tuvo mucho sentido, ya que esas chorradas no tenían ninguna utilidad.


Me interesé por el cuaderno, de tapas azules, blandas, con las esquinas dobladas y donde aparecían varios garabatos de boli Bic.


En la primera hoja, pintado en letras mayúsculas, a colores malva, se podía leer un rótulo muy común de mi siendo niña "ESTE ES EL CUADERNO SECRETO DE JUDITH", gracioso, me pareció tremendo ¿un cuaderno secreto? jaja, no sé muy bien cómo de ilusa llegaba a ser, pero he aquí una pequeña demostración.


Después de pasar página, cómo no, una hoja en blanco, amarillenta en sus márgenes, no creáis que por su antigüedad, si no porque yo tenía cierta tendencia a colorear de tal modo que me creía envejecer las hojas, como si fueran hojas del antiguo egipcio, para hacerme la interesante y para supuestamente dejarlo bien decorado y bien bonito todo. La hoja en blanco la entendí como un espacio entre la portada y el contenido, a mi siempre me gustaron los silencios entre párrafo y párrafo, los espacios en blanco, los puntos suspensivos...


Al encontrarme con su primer texto, me visualicé por unos instantes en mi antiguo cuarto, tirada en el suelo, con los pies en alto, con mi boli Bic entre las manos, escribiendo no muy deprisa e intentando no olvidar dejar escrito nada de lo que pasaba por mi temprana creatividad y todos mis deseos de contar mis experiencias y mi forma de ver la vida. Recuerdo que escribir, era mi pasatiempos favorito.


Comienzo a leer y lo primero que entiendo es un cuento, un cuento que habla de un país donde solo existen niños y niñas, enanos, muy pequeños, más pequeños aún que los duendecillos, que viven entre plantas con hojas enormes, hojas más grandes que las casas, donde el único transporte es volar, donde todos fuman algo de humos rosados, donde hay tartas de chocolate y donde el único problema y la única preocupación de esos niños es una especie de genio que sale de una lámpara y que va cumpliendo lo contrario a los deseos que los niños le piden. Trata de encontrar al brujo, de alejarse de las fronteras de su país, y conseguir el hechizo capaz de capturar al genio malo en su lámpara y encerrarle en ella por los siglos de los siglos.


Me doy cuenta de que el cuento, ocupa varias páginas y me da por ojear el resto del cuaderno, anticipándome en un vistazo de todo su contenido. Observo que hay dibujos de supuestos tableros de juegos inventados por mi, con mis propias reglas y mis propios puntos, a los que nunca llegue a jugar con nadie.


Veo que hay cuentos donde colaboraba mi mejor amiga, cartas de amor exageradas e idolatrando a un antojo u otro, trozos de diarios comenzados y no terminados, acontecimientos para mi importantes, como por ejemplo, uno en el que hablo de mi nueva bici, de la soledad y libertad que sentía subida en ella al atardecer, cuando nadie venía conmigo a dar la vuelta a la manzana unas cuantas veces porque ya estaban muy cansados. Escribo aquel día cómo había estado imaginando mientras pedaleaba que estaba muy muy lejos de mi casa, por calles desconocidas, me creía valiente y me gustaba sentir el viendo en la cara, explicaba cómo de diferente era echarle una carrera a Fer o Jeny de salir sola a correr tranquilamente.


Sentada en mi cuarto, con el aire acondicionado a toda ostia y con una camiseta vieja, permanecí leyendo mi viejo tesoro así como unas horas.


Me reencontré con mi infancia, había olvidado que no todo fue tan gris, recordé que fui mucho más feliz y mucho mas niña de lo que pensaba haber sido, y me sentí tremendamente mayor.


Una sensación de contra reloj me invadió el cuerpo, me sentí alejada de todos esos tiempos, me encontré mucho menos imaginativa, mucho más seria y vi a mi alrededor una vida llena de pleitos, de disputas, de discordia, una vida que es una carrera de fondo, donde cada día es una lucha por un color cálido, donde las preocupaciones abundan y las ocupaciones escasean.


Y hoy, hoy he pensado en todo esto y en cómo veré mis días de ahora cuando la vejez y el desgaste del inevitable paso del tiempo hayan llegado.


Me veo dentro de 50 años, cogiendo una vieja foto mía o quién sabe si visualizándola en una pequeña pantalla portátil o algo más tecnológico quizá e imagino pensamientos que dibujarán en mi, espero, una sonrisa.

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